
Indudablemente los modos en que los hombres asedian y conquistan a una mujer, han cambiado. Pero, ¿Será que éstas técnicas han evolucionado eficientemente? ¿Son ellos más exitosos que los románticos de los años ´80 y ´90?
No es difícil percibir como las técnicas de caza de nuestros queridos modelos masculinos vienen siendo más prácticas, más breves y menos parsimoniosas que las propias de otros años.
Ciertamente no es fácil decirlo, aunque los discursos masculinos se han vuelto más escuetos, abiertos y directos, no alcanzo a pensar que este cambio evolutivo al que se sometieron a causa del mundo actual acelerado y enfocado en resultados, sea suficiente para evitarnos a nosotras situaciones incómodas, obligándonos también a tener que desarrollar, paciencia y tolerancia hacia aquellos ejemplares que utilizan técnicas ineficientes como la insistencia.
Dice el viejo adagio: "El que persevera, alcanza", y sigue siendo el principio para los negocios, la vida familiar, los logros académicos; pero un hombre insistente resulta patético. Prefiero uno persistente que uno insistente.
Una llamada o un whatsapp con intención de invitación, que se reitera una, dos, tres, cuatro veces en la semana resulta como el vendedor de velas que visita la oficina esperando le compren por cansancio.
Esas recordaciones simples, a veces inconexas, que él hace descubriendo que ya es momento de dar inicio a una relación, mientras ella está simplemente disfrutando las salidas y a la vez conociéndolo más, resultan muy caducas y fuera de moda, de la misma forma en que el mesero pasa tres veces por la mesa de los comensales preguntando que van a ordenar.
Si se me permite comparar, el mesero no necesita interrumpir hasta tres veces la velada de los asistentes, pues con solo ubicarse en un punto cercano para leer los movimientos significativos de pedido y estar atento a acercarse sólo cuando los note, es suficiente. "Al buen entendedor, pocas palabras"
Asombrosamente encuentro algunos representantes de este grupo masculino, que se refugian en sus insistencias para asegurarse de que su trabajo de conquista no sea en vano, lo que se logra más bien es crear un efecto de publicidad spam en las mujeres.
No hay que hacer evidente lo evidente. El deseo continuo de confirmar tiene como subyacente una inseguridad alli, que cuando el hombre lo expresa, lo que logra es generar más inseguridad en ella.
La insistencia que se dedica a repetir o hacer hincapié en algo, no deslumbra a la mujer que quiere dejarse cautivar por algo innovador, genuino y definitivo.
La conquista no puede desembocar en cansancio porque resulta inservible. Las mujeres debemos volvernos alérgicas a la repetición sin innovación, así como el mundo competitivo lo exige, debemos ser prófugas de lo previsible, y escapar avivadamente de entregar atención a cambio de acciones predecibles y repetitivas.
Conquistar es todo un arte, es un reto personal, es un llamado a la reinvención continua, para nuestros queridos hombres que a pesar del posicionamiento reciente de las mujeres en todas los ámbitos, mantienen la facultad de hacernos reir y de hacernos desear querer estar protegidas y mimadas por ellos.
Nos concierne a las mujeres, puesto que en nosotras reside la clave para exigir conquistas más genuinas y auténticas, no limitarnos a dar un si o un no, sino más bien llevar la atracción en una danza de ir y venir, enmarcada por el contexto de lo impredecible y el gusto por reinventarnos todo el tiempo.
Podemos utilizar a los(las) pretendientes como espejo de nosotros(as) mismos(as).
"Lo importante debe ser expuesto al público en general con cada detalle" Bulovo